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El Huracán Dolly ¿Fué una maldición o una bendición?
LAS VERDADES DEL MONSEÑOR
Ahora que hemos tenido la visita del huracán Dolly, el cual nos pegó directo, como hace cuarenta y un año nos pasó con Beulah, y vemos el poder de la naturaleza y los destrozos que deja a su paso, se ocurre preguntarle a Dios: ¿Por qué pasan cosa malas a buenas personas? Esta pregunta no es la correcta porque Dios no contesta esta clase de preguntas. Aún cuando Jesús le preguntó a su Padre desde la Cruz: ¿Por qué me has abandonado? El no le contestó. La pregunta correcta seria. ¿Qué le pasa a la buena gente? A lo que Jesús contesta: Bendecidos son esta gente que sufre porque serán consolados por mi Padre que está en los cielos. No culpemos a Dios por las desgracias, pues casi siempre el error humano es el culpable. Error de juicio, error de voluntad, o error de propósito, o falta de prevención y preparación.
Un huracán destruye, pero también limpia el ambiente. Fijémonos cuan sucio llega a ser el agua de los mares, el aire que respiramos, el ambiente en que vivimos. ¡Y todo por la contaminación del hombre! La naturaleza de ves en cuando usa un método auto correctivo, y ahí esta el huracán. Dios nos ha dado los Diez Mandamientos: Matar, mentir, robar, cometer adulterio, etc., es malo para la salud. También nos ha revelado secretos de salud. A travéz de la Biblia, el Todopoderoso nos ha dado orientaciones, direcciones, en cuanto comer, beber, dormir, trabajar, ser activos. Debemos tener fe.
San Pablo nos dice que todas las cosas suceden para bien de los que aman a Dios. Tiempos difíciles no duran, pero si la gente llena de fe, fortaleza, esperanza, y amor. Y nosotros aquí en el Valle y el norte de México somos esta clase de gente.
No vamos a aceptar la derrota. Recordemos que después de la tormenta viene la calma. Ha sido una mala experiencia pero aprendamos la lección aunque sea dura. Vamos a apreciar el jardín por las flores y no por las hojas que caen.
Vamos a contar las noches por las estrellas y no por las nubes.
Apreciemos la vida por las sonrisas y no por las lágrimas.
Y contemos nuestros cumpleaños no por la edad sino por el número de amigos sinceros que tenemos. El huracán Dolly no ha sido ni una maldición ni una bendición. Fue un evento permitido por Dios, lo creamos o no lo creamos.
Mons. Juan Nicolau, Ph.D. STL, pastor de la iglesia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.
Es psicoterapeuta familiar y consejero profesional con licencias









